3.23.2016

7

Humanos: mi cimarrona madre me hizo una pregunta sobre política. Me preguntó si yo sabía quién estaba detrás del atropello de las cámaras viales, las mentadas multas fotográficas que han afectado y causado terror entre los habitantes de mi ciudad. Lo fácil para evadir el tema fue decirle que las ganancias van al partido en el poder, al jefe de gobierno y sus secuaces, pero lo cierto es que la pregunta me tomó en mal momento para ponerme a pensarlo un poco más.

Humanos: ¿acaso importa quién se está clavando el dinero?, ¿acaso no son los amarillos en lugar de los azules o los verdes?, ¿ustedes en verdad creen que las cosas cambiarán en nuestro país de pacotilla mientras nos gobierne la misma gentuza? La política es una porquería, un atolladero de mil chingaderas hechas por unos cuantos para perjudicar a los demás. En el principio y en el final de los sexenios donde controlan nuestras corroídas instituciones, todo depende de quién esté en el poder para saber quién posee los contactos, las corruptelas, los tratos bajo la mesa, los favorcitos especiales y las travesuras impunes.

Humanos: la política es la gran pantomima entre sordomudos donde lo único que importa es demostrar quién de ellos la tiene más grande; lo digo en el sentido genital, pero abarca también la higiene de un exhibicionismo cínico e hiriente. Siguiendo esta idea, imagino a la política como una gran producción pornográfica donde el director es al mismo tiempo actor y productor, donde importa ante todo la exhibición del acto con su mayor exhibición. En el mundo político se trata de demostrar quién coge mejor, quién hace gemir mejor al pueblo y quién utiliza mejor los recursos para que esa violación se vea mejor.

Humanos: no confío en el ser político que ustedes crearon desde tiempos antiquísimos para controlar su furia tiránica en pos del aparente progreso. Siempre encuentran la manera de que esta idea se destruya de nuevo y los lleve al salvajismo que supuestamente escondieron.

11.02.2015

6

Humanos, tan acostumbrados están a no dejarse fracasar que terminan fracasando en el intento de ser perfectos, de superarse a ustedes mismos en su mediocridad. Todo debe ser una línea recta en el rumbo de sus ambiciones, un cuento de hadas perfectos con un final feliz de telenovela.

Humanos, se equivocan cuando le reclaman al mundo porqué el camino no es un lecho de rosas, una línea ascendente hacia el éxito; tan ajenos son al dolor y al sacrificio que no entienden sus razones de ser. Como si fueran niños consentidos, todo lo quieren rápido y fácil, como un dulce en sus bocas sin dientes.

Humanos, que huyen de la incomodidad de los trenes llenos de gente pero que terminan encerrados en el tráfico de los automotores; si todo fuera un camino en línea recta sin piedras en el zapato ni colinas pronunciadas, nada aprenderían, nada ganarían, no se detendrían a ver paisajes espectaculares.

Humanos, aprender a fracasar es algo que siguen rehusando. En sus necedades y su confort, no se dejan crecer.

9.28.2015

5

Humanos, ustedes que se aman como extraños y se odian como cobardes, deberían asumir el reto de ser menos bestias y más racionales.

Humanos, entre todos los seres vivos son los más explosivos; nadie mata con tal carnicería, nadie juzga con tal violencia, nadie extraña con tal indiferencia.

Humanos, cada mañana niegan el sol, cada noche rechazan las estrellas. Viven en la era donde todo es un engaño, una evasión, mil silencios.

Humanos, han despreciado los cadáveres de su presente, han olvidado por completo las quimeras del pasado, han idolatrado la incertidumbre del futuro.

Humanos, todo el instinto creador se les ha extinguido. Hoy sólo son máquinas de guerra, teatros de sombras, pensamientos a priori, campos de minas.

Humanos, nada les queda. Todo lo habrán de desaparecer de lo que les queda de Tierra.

3.16.2015

4

Humanos, todos ustedes mienten, se engañan a sí mismos, parecen buitres que miran al horizonte cuando saben que bajo sus garras un cadáver apetitoso terminar de agonizar. Ocultan sus verdades, se quedan los ases bajo sus sucias mangas, sacan de sus bocas pañuelos embarrados de lodo y malas intenciones, sonríen hacia las cámaras como muñecos sin gracia y se regocijan entre espejos de feria como bobos enanos sin esperanza.

Humanos, parece que ya es tarde para evitar su propia autodestrucción; entre sus egos se han aventado piedras, será la mutua indiferencia que sufren ustedes lo que los terminará por extinguir de este mundo cruel. Nadie debe de apretar ningún botón para activar el gatillo de su destino inevitable; la reacción en cadena ya comenzó.

Humanos, mañana no habrá excusas, pero tampoco habrá compasión. Mañana podrían dejar de ser lo que alguna vez presumieron y no habrá juicio ni perdón. Sus enemigos habrían muerto en el armagedón, quizás antes, quizás después de ustedes. No habrá elegidos por los dioses de sus fantasías que salvarán la vida, la muerte y la destrucción nos espera a todos.

Humanos, quizás deberían dejar de mentirse a ustedes mismos con la misma falacia de humanidad interminable. Quizás deberían aceptar que morirán solos con sus propios dolores y culpas, que serán purgados del universo entre brasas ardientes, condenados a no tener consuelo ni perdones.

1.03.2015

3

Humanos, entre todos los seres vivos de este planeta, ustedes son los más fascinantes. Todo el tiempo rompen los récords que ustedes mismos se imponen: cada día superan su cinismo, su rabia, su falta de escrúpulos. El nivel de indiferencia hacia sus propias barbaridades aumenta: la desigualdad y la corrupción, sus verdaderos dioses, son cada día más monstruosos. La guerra, el hambre, el maltrato hacia los otros humanos crece. No son más que viles bestias para mis ojos.

Humanos, los encuentro como animales ofensivos a la vista, llenos de ampollas en el rostro, con cicatrices en los corazones. Las manos que se estrechan están apestadas de lepra y sus falsas sonrisas parecen llagas entre dientes podridos y podredumbre en sus alientos. Sigan ladrando desesperanza, inseguridad hacia el regalo de la vida que tanto pregonan. Sólo muerden cuando los ladridos de los demás son inofensivos. Siempre se terminan escondiendo tras las faldas de sus traumas más profundos y reprimidos.

Humanos, pequeñas criaturas triviales, ustedes comprenden muy bien que en su mundo es más fácil destruir que construir. Que ustedes son más hábiles construyendo armamento y fronteras que puentes y escuelas. Pero ustedes llevan su apatía a otros niveles: les es más fácil empeñarse al odio que entregarse al amor a sus semejantes.

Humanos, parece que seguirán condenados a hacer de sus vidas un purgatorio en la Tierra. No me despierten, ahora debo dormir.

12.17.2014

2

Humanos, una enfermedad azota a toda la sociedad occidental: el amor desmedido hacia lo políticamente correcto. En un mundo donde ocurren tantas calumnias y atropellos de los cuales ustedes son protagonistas y víctimas silenciosas, debería salir sobrando el momento en el cual se diga un comentario incómodo que provoque conmoción de la gente que se siente intocable en su mundillo de apariencias, que haga reflexionar a los demás sobre la porquería que es la raza humana que ustedes pregonan.

Humanos, alguien tenía que decirlo. Su cinismo no parece tener límites. Me hicieron reír con la forma que atacaron al mocoso que irrumpió la premiación del Nobel para Malala Yousafzai. Con la doble cara que los caracteriza, dijeron cosas como "mexicano tenía que ser", "niño ridículo", "ponte a estudiar" y otros insultos corteses de su trillado repertorio. No fueran ustedes los que hicieran el caos en sus calles, se andarían rasgando las vestiduras.

Humanos, por si no las sabían les tengo noticias: los noruegos terminaron deportando a ese chamaco después de que les había pedido asilo político. Para muchos de ustedes, ese tal Adán Cortés será el que se atrevió a burlar la seguridad de la entrega del Nobel para entregar un mensaje que para ustedes es muy necesario. Para otros será el que puso a México en ridículo con su travesura. El giro de Malala es la educación de las niñas, no el genocidio de Estado. Al menos ya la pusieron al tanto de lo que mucha gente en el mundo no sabe.

Humanos, me pregunto si alguno de ustedes habrá tenido los tamaños para haber hecho lo que este hizo este pobre ingenuo. No es lo mismo manosear un maniquí que interrumpir la premiación del Nobel. Ambas son políticamente incorrectas, pero al menos lo que pasó en Noruega tenía una buena razón. El que quedó en ridículo con todo esto fue el pendejo del presidente del país; lo digo así porque los pleonasmos entre ustedes no son tan obvios.

Humanos, si no satanizaran tanto lo políticamente correcto, no serían tan hipócritas hacia la vida. Se ofenden cuando agreden a los homosexuales, pero gritan "puto" en el estadio como si fuera un canto de guerra. Se ofenden de las personas que maltratan animales domésticos pero llaman "indios" a los indígenas como llaman agua al agua y vino al vino. No se esfuercen demasiado en ser lo que no son, o en aceptar lo que nunca aceptarán, no siempre van a quedar bien con todos. El conflicto está en su naturaleza. Por decir las cosas en la cara de alguien más no se mueren las personas.

Humanos, ustedes son tan apáticos y conformistas que se ofenden cuando hay manifestaciones, cuando un conocido deja a su pareja por alguien más o cuando la vecina se acuesta con más de dos hombres. Eso sí, cuando se trata de hacer el bien, se lo piensan como si fueran a cometer un delito. No vaya a ser que hagan el ridículo.

Humanos, déjense de apariencias y de andarse con chingaderas. No se depilen los pelos de la lengua, que no les importe el qué dirán. Si la franqueza no fuera políticamente incorrecta, otro gallo les cantaría.

12.07.2014

1

Humanos, esa raza a la que por genética he tenido que pertenecer. Esa horda de cientos de miles aferrada a conseguir su total destrucción. Esa demasía de personajes sin rostros definidos y con actitudes impredecibles que se mueven entre la falsedad y la hipocresía. Esos gregarios arrepentidos de la soledad inevitable del mundo que les tocó dominar y construir. Esos míseros mil caras que sobreviven sólo para ellos mismos.

Humanos, vigilantes de las apariencias, constructores de monolitos, destructores de naturaleza. Andan por la tierra en máquinas de hojalata, gritando y arremetiéndose como animales encajonados, esclavizados por el ritmo desenfrenado del caos. Son ridículos, vacíos, ingenuos. No saben lo que dicen ni lo que son. Se sienten dioses pero sólo son microbios de una creación que dicen conocer en su totalidad.

Humanos, falacias de superioridad intelectual, enjambres de prejuicios. Son viles arañas que trepan sin escrúpulos telarañas ajenas. Catálogos de banalidades, conciertos de insultos corteses. Su raza homínida pregona superioridad donde no la hay, su inteligencia quedó reducida a la carroña que dejó atrás su monstruosa ambición.

Humanos, su humanidad está devaluada. Se aniquilan como insectos, se difaman entre insultos, se dejan morir de hambre, se regocijan entre falsa compasión y la brutal indiferencia. Hace siglos que olvidaron la concordia, el valor del silencio, el tesoro del raciocinio. No son otra cosa más que animales desdichados. Al final del día se encuentran solos entre extraños.

Humanos, mi nombre es lo que menos importa. Pueden llamarme, contra mi pesar, Cimarrón Confeso. En mi nombre porto mi condición de fugitivo, en mi apellido la esperanza de volver. Volver al mundo enconado y lleno de ironías en el que aún guardo poquísimas esperanzas.

Humanos, mientras ustedes encuentran la panacea de sus neurosis y sus problemas, yo construiré este Jardín Noctámbulo para consolarme contra el mundo que agoniza. Si se atreven a leer, sean bienvenidos.